2012: Una contienda definitiva para las mujeres de izquierda/Palabra de Antígona
Sara Lovera
Una de las grandes dificultades de la democracia en México ha sido el reconocimiento claro y contundente de la igualdad entre hombres y mujeres. Los escollos son muchos y muy variados. Uno central es la incomprensión de los líderes "democráticos" a reconocer que las personas, hombres y mujeres, deben gozar de autonomía sobre su cuerpo y su preferencia sexual pretextando que la sociedad consintió y permitió, sostuvo o sostiene las más conservadoras convicciones.
“Lo personal es político”, es aún la bandera libertaria de las mujeres para
romper la idea de que lo que pasa en su casa, se justifica y se permite,
aunque las anule y violente. La confusión entre lo privado y lo público.
Los derechos fundamentales de participación y acción política con un
programa de reivindicaciones que incluye la libertad para decidir sobre
un embarazo y la preferencia sexual, fueron y son el terreno de la disputa
ideológica que se concreta en programas de gobierno y se combate en
distintos frentes. El viejo divorcio entre marxismo y feminismo.
La debilidad y la timidez para poner en juego la antigua visión de la
familia, reconocer cómo esa familia ha encubierto la violencia sistemática
contra las mujeres que mantuvo y acrecentó la condición discriminatoria
para la mitad de la población, así como la oposición a que ellas,
nosotras, pudiéramos acceder a la justicia y el reconocimiento. La idea,
inamovible, del papel de las mujeres en la sociedad, como adicionales y
complementarias, parece no tener fin.
Esta contradicción de la línea progresista ha gravitado sobre las acciones,
indiscutibles, en la formación de una fuerza de avanzada que, a pesar
de todo, pudo horadar en el viejo régimen, tanto que en el año 2000
vivimos la ilusión de la transición democrática al derrotar al partido del
viejo régimen e instalar en el poder a los protagonistas del retroceso.
No obstante, algunas políticas públicas favorables al programa de
reivindicaciones de las feministas han fructificado, entre otras cosas por la
presión internacional, la modernidad y la firmeza de las feministas.
Hoy la disputa se profundiza tremendamente. La convicción de que ese
grupo conservador ha propiciado la mayor de las crisis en México, desde
la era revolucionaria. La clase política necesariamente tendra que que
abordar los temas de las libertades individuales, lejanas de la visión
religiosa, así como reconocer la desigualdad y la pérdida de la seguridad
invididual y colectiva. La pérdida de territorios a manos del crímen
organizado y el olvido de la población indígena. Los derechos de la clase
obrera y el término de la corrupción y el caciquismo como modos de vida.
Con la misma fuerza habría que considerar la desigualdad entre hombres
y mujeres, y dejar atrás las visiones victimistas sobre esa mitad de la
población, que no se resuelve con becas populistas para las madres
solteras o los gemidos plañideros sobre el efecto de la visión conservadora
del papel social de las mujeres. Tendrá que avanzar en la convicción de la
igualdad y los derechos.
NUEVO CAMINO
Nada de esto estaba en el panorama. El planteamiento del Frente
Progresista, que buscará la presidencia de la República no parecía
inmutarse. Hoy no obstante, se abre una pequeña ventana de
oportunidad que habrá de explicarnos uno de los caminos del cambio
progresista.
Primero porque las izquierdas, tras un largo proceso de enfrentamientos
por los pequeños poderes, han logrado firmar un pacto de unidad y una
propuesta programática de largo aliento, llamada Un México para Todos,
que se asume plenamente, según declaró el candidato de las izquierdas
Andrés Manuel López Obrador y que contiene la declaración contundente
de que un gobierno democrático y progresista debe garantizar la igualdad
entre hombres y mujeres, sin cortapisas.
La propuesta programática elaborada por un grupo importante de
organizaciones sociales, individuos e individuas, que han recorrido con
Cuauhtémoc Cárdenas el camino progresista de México, podría dar un
giro fundamental y comprometido con esa visión libertaria que consiguió
avances fundamentales en el gobierno del Distrito Federal, encabezado
por Marcelo Ebrard.
El grupo de Cárdenas dejó bien claro: "se trata de una propuesta surgida
de una ideología democrática y consecuentemente igualitaria, libertaria y
republicana. Ni mas ni menos que aquella que un día de 1988, consiguió
una mayoría política frustrada por el encono de los grupos de poder
económico que han llevado al país a la peor de sus crisis.
La propuesta compromete a las fuerzas progresistas a: Garantizar la
igualdad de género en materias política, social, laboral, cultural y de
oportunidades, y a garantizar los derechos a la preferencia sexual y de
salud reproductiva, a combatir la violencia sexual dentro de la familia,
impulsar las legislaciones nacionales que permitan las uniones entre
personas del mismo sexo y los derechos de adopción con independencia
de las preferencias sexuales y a revertir las legislaciones oscurantistas en
aquellos Estados en los que se han cancelado los derechos de las mujeres
a decidir sobre su cuerpo.
Es el párrafo programático más avanzado de lo que conocemos como
izquierda, que se complementa con otras propuestas clarísimas: fortalecer
el Estado laico con reformas constitucionales y legales, programas y
prácticas políticas de Estado, que aprueben los cambios al Artículo 40
constitucional -garante de la división del Estado y la Iglesia- y reviertan la
reforma al Artículo 24 constitucional, regresivo y contrario a la tradición
liberal del Estado Mexicano.
Pero no solamente. El programa delineado por Cárdenas, incluye
reconocer y cumplir los acuerdos de San Andrés, empezando por
modificar las reformas retrógradas en materia de derechos y cultura
indígenas, en los términos aprobados por la Comisión de Concordia
y Pacificación de 1996, tras la revuelta indígena de Chiapas y que fue
traicionada en el Senado de la República, y avanzar en una reforma laboral
que preserve los derechos laborales logrados en los años de lucha obrera.
Esta propuesta que reivindica la razón del crecimiento progresista
iniciado en 1988, fustiga las políticas clientelares y asistenciales que han
impedido el crecimiento y la civilidad sociales. Propone recuperar una
política de industrialización que saque al país de la crisis de productividad
e instrumentar reformas de ley que hagan exigible ante el Estado, el
ejercicio de los derechos ya reconocidos al trabajo, la salud y la vivienda.
Si esto es verdad y el grupo de AMLO realmente lo asume, estamos
en presencia de una verdadera campaña por rescatar al país, sin la
ambigüedad de los buenos y los malos, la honestidad y la decencia, que no
tienen profundidad ni sentido, si no se instrumentan claramente nuevas
políticas públicas y ejercicio de derechos, no de prebendas o promesas
que hacen de las y los mexicanos súbditos al poder de uno o varios líderes,
sino una ciudadanía moderna y capaz de defenderse con la ley y no la
esperanza.
Adicionalmente esta propuesta deberá desmantelas la idea inconveniente
y nebulosa de que una mujer, sólo por ser mujer, puede representar los
derechos de las mujeres. Tenemos que derribar el mujerismo que tantas
confusiones ha producido. No es garantía alguna llevar a una mujer al
poder, cuando ella representa el retroceso y/o la corrupción.
saralovera@yahoo.com.mx
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