OPINIÓN Sara Lovera 2012: Una contienda definitiva para las mujeres de izquierda/Palabra de Antígona

2012: Una contienda definitiva para las mujeres de izquierda/Palabra de Antígona

Lunes, 20 de Febrero de 2012 20:59
CRÓNICA DE OAXACA
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antgona2012: Una contienda definitiva para las mujeres de izquierda/Palabra de Antígona

Sara Lovera

Una de las grandes dificultades de la democracia en México ha sido el reconocimiento claro y contundente de la igualdad entre hombres y mujeres. Los escollos son muchos y muy variados. Uno central es la incomprensión de los líderes "democráticos" a reconocer que las personas, hombres y mujeres, deben gozar de autonomía sobre su cuerpo y su preferencia sexual pretextando que la sociedad consintió y permitió, sostuvo o sostiene las más conservadoras convicciones.


 

“Lo personal es político”, es aún la bandera libertaria de las mujeres para

romper la idea de que lo que pasa en su casa, se justifica y se permite,

aunque las anule y violente. La confusión entre lo privado y lo público.

Los derechos fundamentales de participación y acción política con un

programa de reivindicaciones que incluye la libertad para decidir sobre

un embarazo y la preferencia sexual, fueron y son el terreno de la disputa

ideológica que se concreta en programas de gobierno y se combate en

distintos frentes. El viejo divorcio entre marxismo y feminismo.

La debilidad y la timidez para poner en juego la antigua visión de la

familia, reconocer cómo esa familia ha encubierto la violencia sistemática

contra las mujeres que mantuvo y acrecentó la condición discriminatoria

para la mitad de la población, así como la oposición a que ellas,

nosotras, pudiéramos acceder a la justicia y el reconocimiento. La idea,

inamovible, del papel de las mujeres en la sociedad, como adicionales y

complementarias, parece no tener fin.

Esta contradicción de la línea progresista ha gravitado sobre las acciones,

indiscutibles, en la formación de una fuerza de avanzada que, a pesar

de todo, pudo horadar en el viejo régimen, tanto que en el año 2000

vivimos la ilusión de la transición democrática al derrotar al partido del

viejo régimen e instalar en el poder a los protagonistas del retroceso.

No obstante, algunas políticas públicas favorables al programa de

reivindicaciones de las feministas han fructificado, entre otras cosas por la

presión internacional, la modernidad y la firmeza de las feministas.

Hoy la disputa se profundiza tremendamente. La convicción de que ese

grupo conservador ha propiciado la mayor de las crisis en México, desde

la era revolucionaria. La clase política necesariamente tendra que que

abordar los temas de las libertades individuales, lejanas de la visión

religiosa, así como reconocer la desigualdad y la pérdida de la seguridad

invididual y colectiva. La pérdida de territorios a manos del crímen

 

organizado y el olvido de la población indígena. Los derechos de la clase

obrera y el término de la corrupción y el caciquismo como modos de vida.

Con la misma fuerza habría que considerar la desigualdad entre hombres

y mujeres, y dejar atrás las visiones victimistas sobre esa mitad de la

población, que no se resuelve con becas populistas para las madres

solteras o los gemidos plañideros sobre el efecto de la visión conservadora

del papel social de las mujeres. Tendrá que avanzar en la convicción de la

igualdad y los derechos.

 

NUEVO CAMINO

 

Nada de esto estaba en el panorama. El planteamiento del Frente

Progresista, que buscará la presidencia de la República no parecía

inmutarse. Hoy no obstante, se abre una pequeña ventana de

oportunidad que habrá de explicarnos uno de los caminos del cambio

progresista.

Primero porque las izquierdas, tras un largo proceso de enfrentamientos

por los pequeños poderes, han logrado firmar un pacto de unidad y una

propuesta programática de largo aliento, llamada Un México para Todos,

que se asume plenamente, según declaró el candidato de las izquierdas

Andrés Manuel López Obrador y que contiene la declaración contundente

de que un gobierno democrático y progresista debe garantizar la igualdad

entre hombres y mujeres, sin cortapisas.

La propuesta programática elaborada por un grupo importante de

organizaciones sociales, individuos e individuas, que han recorrido con

Cuauhtémoc Cárdenas el camino progresista de México, podría dar un

giro fundamental y comprometido con esa visión libertaria que consiguió

avances fundamentales en el gobierno del Distrito Federal, encabezado

por Marcelo Ebrard.

El grupo de Cárdenas dejó bien claro: "se trata de una propuesta surgida

de una ideología democrática y consecuentemente igualitaria, libertaria y

republicana. Ni mas ni menos que aquella que un día de 1988, consiguió

una mayoría política frustrada por el encono de los grupos de poder

económico que han llevado al país a la peor de sus crisis.

La propuesta compromete a las fuerzas progresistas a: Garantizar la

igualdad de género en materias política, social, laboral, cultural y de

oportunidades, y a garantizar los derechos a la preferencia sexual y de

salud reproductiva, a combatir la violencia sexual dentro de la familia,

impulsar las legislaciones nacionales que permitan las uniones entre

personas del mismo sexo y los derechos de adopción con independencia

 

de las preferencias sexuales y a revertir las legislaciones oscurantistas en

aquellos Estados en los que se han cancelado los derechos de las mujeres

a decidir sobre su cuerpo.

Es el párrafo programático más avanzado de lo que conocemos como

izquierda, que se complementa con otras propuestas clarísimas: fortalecer

el Estado laico con reformas constitucionales y legales, programas y

prácticas políticas de Estado, que aprueben los cambios al Artículo 40

constitucional -garante de la división del Estado y la Iglesia- y reviertan la

reforma al Artículo 24 constitucional, regresivo y contrario a la tradición

liberal del Estado Mexicano.

Pero no solamente. El programa delineado por Cárdenas, incluye

reconocer y cumplir los acuerdos de San Andrés, empezando por

modificar las reformas retrógradas en materia de derechos y cultura

indígenas, en los términos aprobados por la Comisión de Concordia

y Pacificación de 1996, tras la revuelta indígena de Chiapas y que fue

traicionada en el Senado de la República, y avanzar en una reforma laboral

que preserve los derechos laborales logrados en los años de lucha obrera.

Esta propuesta que reivindica la razón del crecimiento progresista

iniciado en 1988, fustiga las políticas clientelares y asistenciales que han

impedido el crecimiento y la civilidad sociales. Propone recuperar una

política de industrialización que saque al país de la crisis de productividad

e instrumentar reformas de ley que hagan exigible ante el Estado, el

ejercicio de los derechos ya reconocidos al trabajo, la salud y la vivienda.

Si esto es verdad y el grupo de AMLO realmente lo asume, estamos

en presencia de una verdadera campaña por rescatar al país, sin la

ambigüedad de los buenos y los malos, la honestidad y la decencia, que no

tienen profundidad ni sentido, si no se instrumentan claramente nuevas

políticas públicas y ejercicio de derechos, no de prebendas o promesas

que hacen de las y los mexicanos súbditos al poder de uno o varios líderes,

sino una ciudadanía moderna y capaz de defenderse con la ley y no la

esperanza.

Adicionalmente esta propuesta deberá desmantelas la idea inconveniente

y nebulosa de que una mujer, sólo por ser mujer, puede representar los

derechos de las mujeres. Tenemos que derribar el mujerismo que tantas

confusiones ha producido. No es garantía alguna llevar a una mujer al

poder, cuando ella representa el retroceso y/o la corrupción.

saralovera@yahoo.com.mx

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