OPINIÓN Oriana Conde Flores de la calle

Flores de la calle

Lunes, 14 de Diciembre de 2009 10:37
Oriana Conde
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flore_di_la_stradaA principio de año, tuve la oportunidad de viajar a Italia, y más que un viaje de placer  resultó un viaje de aprendizaje. Mientras estuve en Bologna, famosa por sus ruinas subterráneas que datan del imperio Romano y una serie de iglesias cuya la principal es un templo pagano dedicado a un diosa, también dediqué algunos momentos a la universidad de Bologna, en cuya facultad de ciencia política imparte clases el politólogo italiano Gianfranco Pasquino, alumno del reconocido Giovanni Sartori.

 

Además de historia, arte y ciencia política, compartí momentos importantes con una asociación civil conformada por mujeres prácticamente, y cuya labor altruista y preocupación por mujeres desafortunadas me dejó un vacío y necesidad de hablar de estas otras, las olvidadas y muchas veces mal juzgadas por las buenas conciencias olvidando que son seres humanos con historias detrás igual que todos en este mundo, además de necesidades que satisfacer.

Esta asociación tenía por nombre (más tarde explicaré el por qué de la utilización en pasado del verbo tener) Fiori di Strada (Flores de la calle) fundada por Antonio, un trabajador social preocupado por la situación que vivían las prostitutas migrantes en esta ciudad del norte de Italia ante lo cual se dio a la tarea junto con otras voluntarias de ver por estas mujeres desprotegidas.

Las prostitutas migrantes en Italia (que son las más) son originarias principalmente de países del ex bloque soviético (Europa central y oriental) y por otro lado, están las migrantes de diferentes países africanos; en cuanto a población que se dedique a este oficio provenientes de América Latina, también hay aunque se trata de hombres.

Continuando con el género femenino, las que se encuentran en “mejores condiciones” relativamente son las europeas ya que los proxenetas las cuidan más, es decir, se trata de una prostitución más exclusiva y dirigida hacia cierta clientela, aunque dentro de este grupo, hay también algunas que se dedican a la prostitución en la vía pública.

En cuanto a las de origen africano, estas mujeres son mucho más explotadas, llegan al continente europeo con una deuda adquirida, y son amenazadas constantemente por sus deudores con hacer daño a la familia que dejaron en su país de origen. Estas mujeres tienen la convicción de cubrir su cuota lo más rápido posible, por lo que muchas veces cobran una cantidad muy baja por servicio sexual, no usan protección y tienen muchas parejas sexuales durante una sola jornada.

Me explicaba una de las voluntarias de Fiori di Strada que las mujeres africanas tienen una relación muy singular con su cuerpo, es decir, tienen una especie de separación con respecto a él debido a que por su cultura están acostumbradas a recibir maltratos, golpes, humillaciones, violaciones por parte de padres u otros parientes o miembros de la sociedad en la que viven, la relación sexual no tiene un significado como lo sería para mujeres de otras culturas. Tienen una especie de desprendimiento entre cuerpo y mente, no le dan importancia a sus sensaciones o dolor, han aprendido a no sentir para poder sobrevivir en un mundo en el que impera el machismo, pero que aún así desean cubrir su subsistencia en un país extranjero que la única oportunidad de trabajo que les ofrece es dentro de la prostitución.

Las prostitutas africanas y europeas no viven en la ciudad de Bologna, sino a sus alrededores, llegan a trabajar por las tardes, y es regular verlas a las 5 ó 6 de la mañana en la estación de trenes esperando el transporte de regreso a la ciudad dormitorio en la que habitan, esta situación les ofrece un anonimato además de que así son obligadas por los proxenetas para evitar a las autoridades de la ciudad.

Explicada la situación de la prostitución en Bologna, hablaré acerca del trabajo de las voluntarias de Fiori di Strada porque es una labor de gran nobleza y desinterés porque en múltiples ocasiones tienen que salir en la madrugada a ayudar a alguna de las chicas. Un ejemplo, en una ocasión, una de las voluntarias recibió una llamada a su teléfono celular misma que la realizaba una prostituta de origen africano muy enferma, le dijo a la voluntaria que tenía una semana sangrando y seguía haciéndolo a consecuencia de un aborto que se había practicado y al día siguiente se fue a trabajar para poder cubrir la cuota que el lenón le exigía. La mujer estuvo en tratamiento médico por unos días pero después regresó a las calles.

A decir de las voluntarias, esta es una situación que se da frecuentemente, tanto entre europeas como entre africanas, y es parte importante de Fiori di Strada, debido a que son ellas las que llevan a las mujeres al servicio médico, les sirven de intérprete, o en ocasiones, también les ayudan con servicios legales y a buscar un refugio si se deciden por abandonar a sus explotadores. Así mismo, tienen lo que se llama “el patrullaje” y consiste en que cada noche, algunas de las voluntarias salen en un automóvil a recorrer la ciudad llevando consigo té caliente y bocadillos, además de un surtido de preservativos; estos enseres que para muchos serían insignificantes, representan un alivio para las mujeres que por la noche ganan el sustento. En invierno, una taza de té caliente les hace sentir como seres humanos y se permiten llevarse un bocadillo al estómago sin invertir 2 ó 3 euros en ellos, lo que significaría a veces la mitad de un servicio sexual. En lo que respecta a los preservativos, ellas difícilmente podrían tener acceso a ellos, son inmigrantes ilegales sin derechos a la salud (este año entró una nueva ley para que los médicos denuncien a los extranjeros indocumentados que soliciten servicio médico y se les pueda deportar), por lo que el preservativo que les dan las voluntarias de Fiori di Strada podría representar la frontera entre la vida y la muerte.

Las mujeres que trabajan en Fiori di Strada son en su mayoría jóvenes, muchas conocen idiomas como el inglés, francés, español, ruso, lo que significa que pueden comunicarse con las mujeres explotadas en su idioma natal, y resulta benéfico en el momento de ayudarles a interactuar con el país. Tienen un empleo fijo o no, pero si una entrada monetaria que les permite dedicar su tiempo libre a ayudar a otras mujeres a veces hasta en horarios muy difíciles, estas jóvenes realizan conferencias, protestas, eventos, escriben artículos, envían cartas, publican libros, es decir, están todo el tiempo promoviendo a su asociación y dándola a conocer en Bologna, Italia y el mundo. Se mueven también por el Internet y a través de sus contactos dan a conocer que las injusticias no solo se dan en los países en vías de desarrollo, también en los desarrollados pero afectando siempre a los mismos, es decir, a los más pobres.

He recibido noticias recientes de que Fiori di Strada fue desmembrada, su fundador acusado de abuso, pero mientras se comprueba lo contrario y que solo se trata de una artimaña de ciertos grupos de interés, las voluntarias siguen por su cuenta aunque ya sin una asociación que las respalde, continúan el “patrullaje” nocturno y denunciando los actos de corrupción y abuso, así como el seguimiento a los casos de aquellas que quieren emanciparse de las redes de explotación sexual ofreciéndoles refugio, consejo, y a veces, hasta consuelo en las situaciones más desesperadas.

Cuando relaté esta situación muchos me dijeron que no viera lo que pasaba en el extranjero, sino lo que sucedía en México, y tan lo veo, que me pareció que debía hablar acerca de los milagros que hacen las mujeres de Fiori di Strada debido a que como voluntarias no perciben ni un euro por su labor, todo es 100% gratuito y en ocasiones hasta ponen de su bolsa para ayudar a otras mujeres a escapar del abuso. En el estado de Oaxaca se dan muchos casos de explotación sexual femenil e infantil, son personas que en su mayoría transportan desde municipios empobrecidos del estado (los más) con la promesa de un trabajo en la ciudad de Oaxaca o en algún otro sitio; por ejemplo, se le ofrece un empleo de mesera a una jovencita de la sierra mixteca, la joven llega a la ciudad de Oaxaca y resulta que si está de mesera pero en una cantina de esas que abundan en la capital. Primero le dicen que debe atender las mesas, limpiarlas, llevar las bebidas o los alimentos, pero después le dicen que puede ganar un poco más bailando o sentándose a beber con los clientes, poco a poco se ve envuelta en la maraña de la prostitución, se le comienzan a cobrar los favores, llega alguien que la explota y después ya no solo estará en la cantina a la que llegó, también ofertará su cuerpo en los alrededores de la central de abastos.

Las asociaciones que existen o el DIF estatal llenan expedientes sobre esta situación, levantan encuestas, hacen estudios, pero a la violencia y abuso que viven en las calles las mujeres oaxaqueñas nadie les pone un alto, no hay una sola funcionaria que vaya a patrullar las calles o les lleve una carga de condones de los que reparte Conasida. Impera la burocracia, cuando un instituto o secretaria levanta un estudio para conocer la situación de la explotación sexual, la trata de personas, la prostitución, se usa el mismo como parte de las cifras pero no se crea una política pública para poner remedio a lo que viven estos seres humanos, a lo mejor se exigirá a las prostitutas un libreto (que es una especie de cartilla expedida por la Secretaría de Salud del estado para que trabajen en determinados sitios), pero si alguien se interesa por ir a repartir preservativos y los pide a algún centro de salud, se debe llenar un formato para poder recibirlos, pero las personas de Conasida tampoco van y hacen una repartición de los mismos porque seguramente este trabajo no está dentro de sus atribuciones, además como el Congreso local acaba de penar la interrupción del embarazo, pues en una de esas la anticoncepción es también un delito.

Necesitamos menor número de funcionarias o dirigentes de asociaciones que se dedique a cortar listones en las inauguraciones y dictar conferencias preparadas por sus asesores. Las mujeres que trabajan por las mujeres debemos ser más participativas y con cultura de la denuncia, pero somos las mismas mujeres las que más discriminamos a aquellas que se dedican a la prostitución por una situación adversa. En el caso de Bologna las mujeres que son explotadas son de países extranjeros con una cultura diferente, pero en el caso de nuestro país, más en concreto de Oaxaca, se trata de personas que pertenecen a nuestra misma raza, población, cultura, y no podemos justificarnos bajo el precepto de que es la profesión más antigua del mundo, o diciendo que lo hacen porque quieren, y que podrían encontrar otra profesión.

La mayoría de ellas son engañadas o traídas a la capital contra su propia voluntad, ahora mismo recuerdo un caso de explotación similar ocurrido a principios del siglo XX en Argentina. Durante esta época, había una migración importante de judíos europeos que viajaban hacia América en la búsqueda de un mejor futuro, pero el caso del que hablaré es sobre población judía proveniente de Polonia. Los judíos residentes en Argentina con engaños convencían a mujeres también judías a viajar al territorio del sur, y ya que llegaban, se les encerraba en casas de citas y ahí eran explotadas y a veces asesinadas, la asociación que se dedicaba a lucrar con las vidas era la Zwi Migdal que figuraba como una empresa con otros fines. Tras un seguimiento exhaustivo y con la ayuda de una de las mujeres abusadas, a las que se llamaba “polacas” la asociación fue descubierta y muchos de sus cabecillas puestos en prisión.

Pero no debemos de ir tan lejos, a nivel nacional tenemos el caso de las Poquianchis en el año de 1964, estas hermanas que tenían a mujeres trabajando para ellas y que cuando se embarazaban, enfermaban o les causaban problemas, eran asesinadas coludidas con las autoridades locales.

Esto no puede ni debe continuar, debemos poner nuestros ojos en esta problemática, sobre todo porque la civilidad no significa no ver a los más desfavorecidos, significa vivir en sociedad y apoyarnos los unos a los otros sin discriminar género, religión, preferencias, profesión, clase social, etc., la civilidad en el siglo XXI debe ser un modo de convivencia de respeto mutuo entre los seres humanos porque suficiente tenemos con el abuso que cometen ciertos gobiernos sobre sus gobernados, para que entre nosotros prevalezca la falta de apoyo.

Para concluir, dejemos de manifestarnos en contra de lo que no nos parece, más valdría  que hiciéramos algo al respecto ante las injusticias. Tomemos un poco del ejemplo de las voluntarias  de Fiori di Strada y apliquémoslo en nuestra sociedad mexicana, pero sobre todo en la oaxaqueña que no conforme con explotar a sus mujeres las envía a otros estados o a la ciudad de México para que también sean otros las que abusen de ellas, lo que nos recuerda la cultura prehispánica de los tlaxcaltecas cuando eran ellos (“tradición” que prevalece a nuestro días) los que otorgaban mujeres para que ejercieran la prostitución en otras poblaciones. No permitamos que se vea más la práctica de vender mujeres en los municipios de usos y costumbres como una herencia y parte de sus usanzas, son un abuso, atropello contra los derechos humanos de esas mujeres, por lo que los candidatos cazadores de votos deben tomarlo en su agenda y no solo dejarlo ahí, en la agenda, sino también legislarlo hasta que se llegue a su prohibición. Pero somos nosotras quienes debemos ejercer presión para que se lleve a cabo. Dejemos de enojarnos por el color rosa o porque nos ceden el asiento en el transporte público como muestra a nuestra debilidad, ocupémonos de las mujeres a las cuales sus derechos no son respetados y veamos que se legisle a favor de ellas, llevemos una bebida caliente o un trozo de pan para devolver la humanidad a sus miradas, prevengamos que sean infectadas o embarazadas (recuerden que el aborto es ilegal en Oaxaca), es decir, ocupémonos primero de que otras tomen conciencia de que el ser mujer no es sinónimo de víctima, y luego, solo luego, debatan sobre el uso de la escoba o la licuadora como un arma del machismo.

 

Oriana Conde es licenciada en Ciencia Política por la Universidad Autónoma Metropolitana Iztapalapa con el trabajo de investigación de Sistemas y Programas de Capacitación Electoral. Realizó estudios de posgrado en la Universidad Estatal de San Petersburgo, Rusia, especializándose en Procesos Políticos Internacionales, enfocándose a temas de geopolítica. Se ha desempeñado en la administración pública como Jefe de Unidad Departamental en la Delegación Azcapotzalco, y la mayor parte de su carrera la ha desarrollado en la docencia, actualmente impartiendo clases de Métodos de Investigación y materias correspondientes a la ciencia política en la Universidad Vasconcelos en Oaxaca de Juárez.

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