Ernestina Gaitán Cruz/Crónica de Oaxaca.- Mentirosos fueron llamados los habitantes de Santa María Tlahuitoltepec, porque el derrumbe del cerro resultó no ser el gran desastre que dijeron en un principio y que durante la semana, mantuvo la atención de todo México y el mundo sobre esta comunidad oaxaqueña.
Así les dijeron funcionarios de gobierno del estado, así lo consideraron los del Gobierno Federal y en los primero momentos no enviaron toda la ayuda de rescatistas que tenían prevista, porque el nivel de la emergencia se había reducido casi al mínimo, y así también lo valoraron periodistas de medios nacionales e internaciones, quienes al poco tiempo de llegar, dejaron la zona porque no había suficiente sangre y dolor que reportar.
Sin embargo sí fue una tragedia de grandes proporciones para la comunidad indígena de Tlahuitoltepec, ubicada en la Sierra Mixe, al norte del estado. Así lo sintieron y dijeron desde la madrugada del martes 28, cuando el estruendo del desgajamiento del cerro los despertó y vieron a su alrededor las avalanchas de piedra y lodo, y así continuará porque después de este hecho, muchos optaron por irse a otros sitios con lo cual quizá se acabe la vida en esta población, tierra de músicos.
No fueron mentirosos. Si alguien falló fueron precisamente los medios de comunicación que cayeron en su propia red de información, ya que sin tener elementos suficientes se dejaron llevar por “lo noticioso”, es decir, por lo que olía a tragedia de proporciones mayores, la gran cantidad de muertos en una comunidad de Oaxaca, caracterizada por su pobreza, analfabetismo, marginación, eso era “vendible”, por eso la información cobró relevancia y fue difundida y magnificada en muy poco tiempo y en todo el mundo.
Aunque también hay que entender que tampoco podían minimizar lo que escucharon, porque corrían el riesgo de perder la oportunidad, de que se les fuera la noticia.
Porque efectivamente al conocerse el hecho, todos se dejaron llevar por lo que decían los medios que como en avalancha replicaban a cada minuto, la desinformación y en pocas horas en Oaxaca se concentraron las máximas autoridades para coordinar las tareas de rescate, junto con el gobernador del Estado. Aquí estuvieron el Secretario de Gobernación, Francisco Blake Mora, la directora de Protección Civil, Laura Gurza, y se tenía prevista la llegada del Presidente Felipe Calderón.
Y es que desde temprana hora al ser conocida la tragedia, el presidente Felipe Calderón ordenó al Secretario de Gobernación, José Francisco Blake Mora, que se trasladara a la zona y encabezara las labores de rescate. En ese momento también entró en operación el Sistema Nacional de Protección Civil, con la intervención inmediata del Ejército, la Marina, la Secretaría de Seguridad Pública federal y de personal de Protección Civil
Tras la difusión de la noticia, el gobierno de Estados Unidos lamentó la pérdida de vidas y al igual que otros países, ofreció apoyo de expertos para iniciar las labores de rescate. El presidente Calderón, dijo a la prensa, durante un vuelo de la ciudad de México a Tabasco, que estaba analizando la posibilidad de aceptar la ayuda.
Y después de difundir en sus propios medios de comunicación la noticia que no conocían bien, arribaron representantes de los medios nacionales e internacionales, con el despliegue de sus mejores periodistas y mejor tecnología para corroborar, para transmitir desde el lugar de los hechos “con toda oportunidad”. Pero al ver que no era una de las peores tragedias nacionales, abandonaron poco a poco el lugar.
En el transcurso de la semana, esos mismos medios de comunicación cuestionaron y enfrentaron en sus espacios a quienes dieron la noticia, a quienes se dejaron llevar por el mundo de la información. Los funcionarios sorprendidos ya no sabían cómo responder y los de Tlahuitoltepec fueron más congruentes, aceptaron que así lo dijeron.
Sin embargo, gracias a esa excesiva difusión, el mundo sabe un poco dónde y cómo viven los indígenas oaxaqueños. Y todos están pendientes del rescate del cuerpo de los muertos, aunque sean “solo” cinco o siete. Ahora se conoce algo de esta población, los ayuujk Jääy, “gente de la palabra sagrada” que vive en las nubes e inmersa en la música. Los que se rigen por el Sistema de Usos y Costumbres y mantienen tradiciones ancestrales donde sobresale el respeto por la vida, por sus mayores, por la naturaleza y su cultura.
Su destino nadie lo sabe, porque muchos emigraron a sitios más seguros. Lo que sí es cierto es que pasará tiempo para que vuelvan a vivir esas tardes musicales que emanaban del talento de los pequeños estudiantes del Centro de Capacitación Musical y Desarrollo de la Cultura Mixe (CECAM), cuya Orquesta Sinfónica ha dado fama mundial a Oaxaca.
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