Nuestra UNAM

Lunes, 27 de Septiembre de 2010 15:26
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unamErnestina Gaitán Cruz/ Crónica de Oaxaca.- ¿Cuál fue la percepción de los niños de la calle o los pequeños vendedores ambulantes que vieron pasar la marcha de los 500 destacados universitarios por las calles del centro de la capital mexicana, para rememorar la caminata iniciada hace 100 años cuando se creó la Universidad Nacional Autónoma de México?.

¿Qué sentimientos habrán despertado en los desposeídos, esas mayorías que no tendrán la posibilidad de acceder a una educación profesional porque los frena la pobreza y la desigualdad, como el mismo Rector José Narro Robles dijo en un discurso…

El pasado miércoles, la UNAM celebró 100 años y los sectores políticos e intelectuales del país lo festejaron a lo grande. Claro está que la comunidad universitaria y los ex alumnos, encontramos un motivo para manifestar el orgullo que sentimos de pertenecer a ese grupo de mexicanos privilegiados, los que tuvimos el honor de haber estudiado en la Máxima Casa de Estudios.

Es cierto, aprobamos el examen de admisión y entramos, nos costó “tiempo, dinero y esfuerzo” concluir y por supuesto que estamos agradecidos por haber estudiado en la Universidad Nacional Autónoma de México, la que gracias al talento, entusiasmo, empeño, dedicación, entrega y compromiso de sus profesores, de sus investigadores y de sus egresados, ha podido mantenerse, elevar su nivel académico y ser un ejemplo a nivel mundial.

“La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) es la líder en América Latina por la calidad de la investigación que realiza, el nivel de referencias o citas que logra a la producción realizada por sus científicos y por los niveles de contratación de sus graduados, refiere el QS World University Rankings a pesar de que entre 2009 y 2010 pasó de la posición 190 a la 222”.

Por supuesto que es un orgullo haber pisado sus aulas, haber aprendido no solo las bases y teorías de nuestras carreras profesionales, así como el compromiso y la honestidad para aplicar nuestros conocimientos, sino también el haber formado nuestra conciencia social y el haber despertado nuestra sensibilidad histórica y cultural, con toda la oferta de actividades académicas, artísticas y deportivas al alcance de nuestros pasos, ya que no es necesario salir del campus universitario para disfrutarlas.

Y los que estudiamos en Ciudad Universitaria, también podemos contar que disfrutamos la convivencia con muchos compañeros que ahora son profesionistas plenos en los diversos campos del saber y que conocimos en nuestras diversas clases extras, en la Biblioteca Central, o cuando íbamos como emergentes conejillos para sus prácticas, o en las fiestas, en los conciertos, las funciones de cine, las conferencias, presentación de autores, exposiciones o en “las islas”, paso natural de todo universitario.

La celebración de los 100 años de la UNAM nos recuerda que a pesar de las dificultades con las que vivimos diariamente los mexicanos, la esperanza está en la educación, en la mejor preparación académica. Sin embargo, ya lo dijo el Rector José Narro Robles, la educación enfrenta grandes enemigos: la pobreza y la exclusión.

En este sentido, hay que reconocer que los festejos de la UNAM también nos recuerdan las desigualdades en las que vivimos. Por un lado unos cuantos privilegiados que gracias a su mejor preparación académica han podido tener mejores opciones de trabajo y de ingresos económicos y por la otra, la gran mayoría que difícilmente tendrá los recursos para salir de su condición de desventaja, porque ni siquiera tiene para subsistir y menos tendrá para estudiar y en consecuencia ni siquiera puede pensar otras opciones.

Y ante esta fiesta de la UNAM me pregunto ¿qué pensarán los narcotraficantes, los ladrones, los secuestradores, los asesinos que finalmente son los segregados de la educación e hijos de la desigualdad, en este caso académica, que los colocó en esa posición?. O se ríen del empeño vano de educar a este país, o reconocen que lo mejor es el estudio y se esmeran en enviar a sus hijos a las mejores instituciones, o les duele ver que no pudieron ni podrán acceder a este círculo de elegidos académicos.

Es cierto, la clave está en la educación. Pero ¿cómo acceder a ella?. Somos un país de analfabetas, de reprobados, que ni siquiera sabemos leer y aunque nuestras autoridades ya lo saben, no tienen manera de atacar el problema de raíz, o no saben o no pueden o definitivamente no les interesa.

El problema inmediato es que están creadas las condiciones para la conformación de grupos marginales que tienen como opción la delincuencia. Gente a la que tal vez ya ni le interese caer en la cárcel porque no pueden estar peor.

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