Ernestina Gaitán Cruz
Es un niño de apenas 12 años y ya fue señalado como un matón sanguinario, que se encargaba de cortar cabezas y genitales a sus víctimas. Fue perseguido por elementos del Ejército Mexicano y su futuro parece ser la muerte en vida.
Verdad o mentira, su fotografía circula en internet con el sobrenombre de “El Ponchis” y por curiosidad o morbo, uno empieza a conocer algo de ese pequeño que efectivamente muestra una mirada directa y dura.
Pero es un niño y no es difícil imaginar que su corta vida ha sido intensa, de sobresaltos, de desamor, de abandono, porque ese pequeño nació perfecto y las circunstancias lo formaron como un delincuente, como un auténtico producto de esta sociedad que parece no saber a dónde ir.
El pasado diciembre, los medios de comunicación dieron a conocer que agentes federales y soldados del Ejército Mexicano en Morelos, donde presuntamente trabajó como sicario del cartel de las drogas del Pacífico Sur (CPS), iniciaron su persecución y este lunes 18 de julio, se informó que se le inició un juicio.
¿Qué va a ser de él?. En principio se creyó que podría caer abatido ante las balas porque tal vez no sabrían qué hacer con él, porque las autoridades son incompetentes para readaptarlo a la sociedad o porque su vida no vale más que como un número más en la cuenta de esa lucha entre narcotraficantes, o porque “muerto el perro se acaba la rabia”.
“El Ponchis” es una víctima de estos tiempos, donde los jóvenes carecen de incentivos para un desarrollo sano, donde los padres están muy ocupados para llevar la manutención de la familia, a costa de descuidar el bien más importante que son los hijos, y donde el entorno es violento por donde se vea.
Y cuando se busca a algún responsable, nadie sabe ni importa. Las autoridades de Morelos solo dijeron que los adolescentes han cometido actos delictivos terribles, y que comienza con padres o amigos o personas que influyen en él para que realicen actividades criminales terribles, ya que no tienen mucha conciencia de lo que hacen.
Claro está que a esa edad aún no tienen plena conciencia de su ser ni hacia dónde van, y si además carecen de modelos familiares o sociales de un comportamiento saludable, lo natural es que caigan en el extremo de llamar la atención de la sociedad de la única manera que les queda, es decir con agresión y hasta con crueldad.
¿O a los 12 ó 13 años ya somos responsables de los actos que llevamos a cabo?, ¿a esa edad ya somos capaces de discernir y de escoger entre lo bueno y lo malo?, ¿quién es el responsable de la vida de “El Ponchis”, la sociedad, las autoridades, los medios de comunicación, sus padres? , ¡Dónde están sus padres!
En las noches cuando ese niño tenga pesadillas, ¿a quién se las contará?, ¿qué brazos filiales lo envolverán y protegerán? ¿Tendrá amigos adolescentes como él?, ¿a quién le puede confiar sus sentimientos, sus emociones?, ¿cómo enfrenta las dudas propias de su edad?, ¿en qué piensa?, ¿cuáles son sus sueños? ¿Qué va a ser cuando sea grande?, o quizá tal vez sea que vislumbra un futuro efímero y por eso lo vive con urgencia.
Dicen que ganaba tres mil dólares por cada asesinato y que sus acciones estaban dirigidas por un Jesús Radilla, un cabecilla de la droga poco conocido que dirige la pugna del grupo contra el cártel de La Familia, por el control del suroeste de México.
Y parece que su caso no nos mueve. Lo vimos como una noticia más entre muchas otras del narcotráfico. Parece que como sociedad ya no nos conmueve su caso ni los de otros muchos niños que han muerto en aras de esta lucha que nadie entiende, y que de tanto verla ya se nos está haciendo una estampa cotidiana.
Inermes solo escuchamos a nuestro presidente quien en una entrevista reciente admitió que México está sufriendo, pero se comprometió a hacer retroceder a los cárteles. Agregó que el "grave problema" consumirá dinero, tiempo y vidas humanas.
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