¿Qué quieren?

Lunes, 21 de Febrero de 2011 16:58
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ENFRENTAMIENTO_NOTA_GABINOErnestina Gaitán Cruz/Foto: 50 MM/Crónica de Oaxaca.- Para ser violento no se necesita cerebro. Encontrar soluciones sí requiere de personas pensantes, propositivas, sensibles, deseosas de sacar a Oaxaca de la miseria en que viven sus mayorías, de elevar el nivel educativo de sus jóvenes y de estimular el desarrollo económico y social que le corresponde a una población de gente noble, generosa y trabajadora.

Cada sector debe contribuir con lo que le toca para entre todos empujar hacia el mismo objetivo. Y en esa tarea, los maestros tienen un papel fundamental ya que les toca formar a ciudadanos para que se sientan orgullosos de sus orígenes y deseosos de aportar sus conocimientos para engrandecer esta entidad donde les tocó nacer o vivir.

Sin embargo algo pasa con el magisterio oaxaqueño. En cada oportunidad que les llega o buscan, enlodan su imagen, pisotean su profesión y agreden a quien tengan cerca, argumentando la libertad de manifestar su inconformidad, una inconformidad que ya es permanente y que no han expresado claramente de qué se trata.

¿Qué quieren? ¿Exactamente cuál es su demanda? ¿Por qué se manifiestan de la manera más violenta? ¿En tantos años de protestas no han encontrado una manera efectiva, contundente de decir qué les molesta y proponer alternativas de solución?, porque si ellos no saben cómo quieren resolver lo que les afecta, poco ayudan a sus interlocutores.

La gente de buena voluntad ha considerado que los maestros no han sido los provocadores, que no han tenido que ver, pero no fue casualidad su presencia en el Centro Histórico ese martes salvaje, donde las imágenes los mostraron al igual que a los elementos policiacos, a jóvenes y a integrantes de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO), enfrentarse en una batalla absurda. Por cierto no he entendido por qué se enfrascan en pelearse por mantener la posesión del zócalo.

Se les vio destruir todo a su paso. Atacaron con palos, con cantera arrancada de edificios históricos, machetes y tubos a los policías que se defendieron con escudos de plásticos; retuvieron a dos mujeres y acabaron el día con el incendio de un tráiler. El saldo fue de dos reporteros y un dirigente de la APPO, heridos graves y 17 lesionados leves.

Como animales heridos, todos se agredieron de manera salvaje. Y seguramente los protagonistas quedaron lastimados física, emocional y moralmente. En el momento en que se sintieron indefensos tal vez se arrepintieron de estar ahí y quizá se dijeron nunca más exponerse de esa manera.

Sin embargo al día siguiente volvieron a la carga, los maestros que se dice no provocaron la batalla se agruparon y bloquearon carreteras, avenidas e hicieron un mitin en el zócalo capitalino. Dijeron que aceptarían dialogar con las autoridades hasta que el gobernador les pidiera disculpas públicas. No hablaron de la explicación que merecemos los ciudadanos.

Ahora que ¿Qué sigue? ¿Cuándo nos van a pedir disculpas a los ciudadanos?, ¿quién va a pagar los destrozos que hicieron?. Seguramente nosotros, los habitantes de esta ciudad, quienes por cierto seguimos demostrando una paciencia a prueba de las peores vejaciones en aras de un ambiente de paz y civilidad.

Y aunque queramos creer en la existencia de maestros conscientes de sus deberes y su misión, no podemos entender su participación masiva en actos de agresión a la población y a sus estudiantes, a quienes tienen la obligación -porque ese es su trabajo-, de formar como seres de bien, orgullosos de ser oaxaqueños o de vivir en esta entidad y deseosos de sacar del subdesarrollo a Oaxaca.

No podemos creer que la estructura del magisterio controle y reprima a sus propios miembros hasta obligarlos a hacer lo que no desean con la amenaza de retirarles sus derechos sindicales (¿entonces no son derechos?) o de mandarlos a trabajar a lugares alejados, donde por cierto más se les necesita, o de evitarles su ascenso laboral. Esto demuestra que las mayorías carecen de voluntad y son manejables y están sometidas a unos cuantos líderes.

Cualquier persona puede estar en desacuerdo con las medidas que toman los gobernantes, por la manera como se dio una alianza política temeraria, es más pudimos no haber votado por quien resultó ganador, pero lo cierto es que en aras de la civilidad no podemos expresarnos de manera violenta ni afectar a los demás, y como toda población civilizada tenemos una autoridad, alguien quien justamente debe gobernar para todos, desde escuchar con sensibilidad los motivos de las acciones, pero también de actuar con firmeza para mantener la paz en esta entidad.

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