Oaxaca ha vivido los primeros días de fiesta de la Guelaguetza como hace muchos años no pasaba. El Centro Histórico ha lucido radiante, lleno de vida, de música y color. El turismo ha regresado y con ellos los recursos que tanta falta hacen a los oaxaqueños.
Gabino rompió varios rituales, del tiempo de los tlatoanis, dijo. Y es cierto, la Guelaguetza constituía uno de los cultos al gobernante en turno de la época priista. Era la ocasión para pavonearse, lucir invitados y mostrar que el poder y el dinero pretenden hacer ver superiores a los gobernantes.
Nada que ver esta primera Guelaguetza con la del último año de gobierno de Ulises Ruiz. Ya hecho el estropicio de la velaría, ese gran negocio por el que alguien tiene que responder, el estadio Benito Juárez albergó la gran fiesta de los oaxaqueños, nada que ver cuando el auditorio del cerro del Fortín tenía que llenarse con burócratas y priistas, y que a pesar de todo chiflaron y le hicieron escandalosos recordatorios familiares a Ulises.
Se vivió, de verdad, un ambiente de reconciliación. Lástima que no va a durar mucho, porque los políticos se encargarán muy pronto de terminar con este ánimo de los oaxaqueños.
0 Comentarios