Juárez bajando del Fortín
Anacleto Morones
Juárez, totalmente encabronado, molesto por los largos años que pasó inmóvil en el cerro del Fortín, donde impasible vio como los políticos eran los fabricantes de la mierda y la pobreza, y decidió bajar de su pedestal.
Era una noche fría de enero. Había nevado en la Sierra Juárez. Y Benito Pablo estaba muy, pero muy encabronado.
Así que decidió dejar su inmovilidad y movió primero el dedo del brazo extendido. Nunca supo porqué apuntaba con el índice. Tal vez mandaba a la chingada a muchos, pero nadie le hacía caso.
Sintió el frió en el bronce de la huella digital del índice de la mano derecha. Luego movió el codo y despacio, muy despacio, todo el brazo derecho.
El bronce es muy frío.
Despacio cerró los párpados repetidas veces. Movió el brazo izquierdo, se dio un ligero masaje en la cara, sonrió malévolamente, se quitó la escarcha del cabello y se sacudió.
Estaba feliz, ya no recordaba esta ciudad que de madrugada era una espesa mancha de luces amontonadas en los cerros y las planicies.
Ya no recordaba como era esta ciudad en sus tiempos.
Luego, movió despacio sus piernas enormes, se rascó los genitales, y se percató que el bronce no le favorecía para realizar lo que le gustaba mucho más que la política.
Una mirada de venganza se apoderó por minutos de sus ojos negros.
Pensó: “Mataré a todos los tiranos, empezando por los que han gobernado, a todos los que me han mencionado en sus discursos, a las prostitutas que han manchado el Congreso de mi querida patria chica. Quitaré mi nombre de todas las calles del país”.
Pero pronto de percató de la inutilidad de su decisión: “Nacerán muchos más hijos de puta”.
Cansado por su enorme peso metálico, friolento, se arropó con una enorme bandera, húmeda por el rocío de la mañana y se la puso de bufanda.
Estaba triste. No habría hembra capaz de soportar su enorme falo de bronce frío. Se volvió a acariciar los huevos.
Imaginó que hacía el amor con una bella mujer indígena llamada Oaxaca, pero pronto la imagen se transformó en pesadilla: la habían convertido en una puta.
Así que sin esperanza, se sentó, cansado de pasar tantos años parado. Y cuando el sol salía por el horizonte, escondió la cara entre las manos y se puso a llorar.
(La foto fue tomada por Fabrizzio Velasco)
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