Hoy leí un intento de crónica que a cualquier reportero le daría pena firmar. Lo siento mucho por mi amigo Ramiro.
Es entendible que los reporteros y periodistas puedan tener amistades, incluso entre los políticos, sobre todo cuando hay que agradecer los beneficios económicos otorgados desde el poder. Todo en la lógica de que el PRI regresará a Los Pinos, y que un aspirante a senador, cuya familia se ha enriquecido hasta el hartazgo con los gobiernos priistas, se sienta ya precandidato a gobernador. No entendí porque en la “crónica” no se dice ni una palabra sobre porque en el gobierno de Ulises Ruiz se pagaba a los reporteros del diario familiar en las oficinas de comunicación social y cómo se determinó que la publicidad que se daba a dicho diario merecía 800 mil pesos mensuales.
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