INFORMACIÓN Crónica El fantasma del 2006 recorre Oaxaca

El fantasma del 2006 recorre Oaxaca

Miércoles, 16 de Febrero de 2011 09:52
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cronica_2*Violencia provoca más de 15 heridos, 17 detenidos y luego liberados y graves daños al Centro Histórico

*“Por favor, Gabino, ya no invites a Calderón”, claman comerciantes del centro histórico

*Reportan a Marcelino Coache Verano fuera de peligro


 

Salvador Flores Durán/FOTOS: 50MM

Oaxaca de Juárez.- El violento fantasma del 2006 campeó ayer por el centro histórico de Oaxaca.

“En el 2006 Ulises casi se cae. Ahora esto puede ser el inicio de la caída de Gabino”, comentaban algunos maestros.

La visita del presidente Felipe Calderón desató la violencia que hizo recordar a los oaxaqueños los días aciagos de la crisis social y política que se vivió hace cinco años.

cronicacronica_2cronica_4cronica_5cronica_6cronica_7cronica_8cronica_9cronica_10cronica_11cronica_12cronica_13cronica_14cronica_15cronica_16cronica_17Los enfrentamientos entre maestros, militantes de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca, e incluso grupos de porros identificados con el PRI, con los policías federales y estatales, dejó un saldo de al menos 15 lesionados, decenas de lesionados leves, muchos afectados por los gases, daños materiales millonarios y varios reporteros golpeados.

Los casos más graves fueron los del secretario de prensa y propaganda de la Sección 22, Gabriel Melitón Santiago González y del profesor Raymundo Servando Santiago Sánchez, ambos golpeados salvajemente por elementos policiacos.

Además, el reportero Gildardo Mota Figueroa recibió el impacto de una bomba de gas lacrimógeno en la pierna izquierda, por lo que tuvo que ser atendido en la Cruz Roja y luego en el Hospital Civil, mientras que varios reporteros y fotógrafos fueron golpeados y dañados sus equipos.

Muchos intereses políticos y manos ocultas contribuyeron a que la relación del gobernador Gabino Cué Monteagudo con el magisterio oaxaqueño hiciera crisis, luego de que el gobernador perdió a sus interlocutores políticos con el gremio magisterial a menos de 100 días de gobierno: la secretaria General de Gobierno, Irma Piñeiro Arias, y el titular del Instituto Estatal de Educación Pública de Oaxaca, Bernardo Vásquez Colmenares, ambos descalificados por la Sección 22 por sus declaraciones en los primeros días del nuevo gobierno.

Ambas posiciones fueron el pago de cuotas políticas en el gabinete de Cué Monteagudo a la lideresa del SNTE, Elba Esther Gordillo y al exgobernador, Pedro Vásquez Colmenares.

Todo parecía normal. Los actos programados en la gira presidencial se desarrollaban con tranquilidad. Con antelación, la Sección 22 había advertido que se manifestarían durante la visita de Felipe Calderón, pero nadie del equipo del gobierno estatal tendió los puentes de interlocución o lo dejaron pasar por alto.

Poco después de las 11 de la mañana se inició lo que sería una batalla campal que duró hasta después de las 17 horas en el primer cuadro del Centro Histórico.

El contingente de maestros con los dirigentes encabezados por Azael Santiago Chepi, intentaron llegar al zócalo capitalino para realizar un mitin de protesta en contra de Felipe Calderón y una primera escaramuza se registró en la calle de Guerrero, donde empezaron los empujones y los insultos entre maestros, appos, infiltrados y policías.

En ese momento los ánimos se caldearon y los policías respondieron agrediendo a los maestros más radicales que ya intentaban golpearlos, lanzando las primeras bombas de gases lacrimógenos.

En la calle de Guerrero y Armenta y López, a unos metros de la sede sindical, el reportero Gildardo Mota Figueroa cayó al suelo al ser alcanzado por una de las bombas de gases, y unos metros más adelante, el secretario de prensa y propaganda de la S22, Gabriel Melitón Santiago González, fue salvajemente golpeado por los policías.

El hombre quedó tirado muy mal herido y luego trasladado por sus compañeros a un hospital, aprovechando un breve repliegue de los policías.

En tanto, el reportero Gildardo Mota fue trasladado a cuestas por fotógrafos y en una motocicleta a la Cruz Roja ubicada en Armenta y López, ante la imposibilidad de que llegaran al lugar las ambulancias de la institución.

Poco después, los contingentes de maestros intentaron nuevamente entrar al zócalo capitalino que se había convertido desde la noche del lunes en un bunker por la multitudinaria presencia de policías federales, elementos del Ejército y del Estado Mayor Presidencial.

Los maestros habían sido repelidos en varios intentos sobre las calles de Armenta y López y Guerrero, cuando en un intento más, un policías federal disparó una bomba de gas lacrimógeno a la cabeza de Marcelino Coache Verano, ex vocero de la APPO, quien se acababa de voltear luego de estar de frente a los policías.

Coache Verano cayó en la calle de Guerrero casi frente a las que fueron las oficinas que ocupó Gabino Cué como gobernador electo.

La reportera y vocera del DIF Estatal, Verónica Villalvazo y fotógrafos que cubrían los enfrentamientos, cubrieron al dirigente para que ya no fuera agredido por los policías y ante la imposibilidad de que una ambulancia llegara al lugar, fue trasladado en hombre por profesores y llevado al hospital del ISSSTE.

Los rumores sobre su deceso corrían, mientras que por la noche, el Secretario de Seguridad Pública, Marco Tulio López Escamilla, confirmó que se encontraba fuera de peligro.

Los ataques con gas pimienta y las golpizas enardecieron los ánimos de algunos profesores y a los contingentes empezaron a sumarse anarco punks, appos e incluso porros identificados como testaferros de funcionarios del PRI.

Los policías repelían a los contingentes mientras poco después de las 13 horas, por la calle de Bustamante, donde se reforzó la seguridad con cientos de policías y vallas metálicas, una caravana de camionetas trasladaba al presidente Felipe Calderón, al gobernador Gabino Cué y a los funcionarios estatales y federales al interior del palacio de gobierno, donde realizaron un acto en el que se anunció una inversión de mil millones de pesos para dotar de infraestructura a los pueblos indígenas marginados.

En el interior, durante el acto, la diputada del PT, Ita Beatriz Ortiz Silva, sacó una cartulina en la que pedía alto a la represión, la cual le fue arrancada por un elemento del Estado Mayor Presidencial.

Afuera, por momentos los enfrentamientos cesaban, aunque las detonaciones de las bombas de gas lacrimógeno se escuchaban potentes y por momentos más continuas.

Cerca de la Alameda, en medio de algunos elementos que lo protegían de las piedras y proyectiles que lanzaban los manifestantes, el titular de la SSP, Marco Tulio López Escamilla, intentaba dialogar con algunos manifestantes y era cuestionado por los reporteros.

En ese momento, el funcionario hablaba de ocho policías heridos, dos de ellos estatales, y de varios detenidos, pero recalcaba que el gobierno de Gabino Cué era democrático y que no habría represión, convocaba a dialogar y a distensar el conflicto, y recalcaba que se investigarían las agresiones a los reporteros, principalmente la que sufrió Mota Figueroa.

En el momento en que López Escamilla daba la entrevista, se vio sobre la calle principal del zócalo, la salida de un contingente de camionetas que trasladaban al presidente y al gobernador rumbo a la comida que se ofrecía en el exconvento de Santo Domingo de Guzmán.

Minutos después, el funcionario intentaba dialogar con los enardecidos manifestantes, que de manera evidente ya no eran en su mayoría maestros, sino algunos anarcopunks, y appos, así como presuntos “estudiantes” universitarios”, que ya causaban destrozos en las calles, casas y edificios para sacar piedras que usaban como proyectiles, sobre la calle de Guerrero, a unos pasos del palacio.

Sin embargo, al acercarse a los manifestantes, apenas acompañado de dos de sus elementos, y con el escudo de un policía antimotines, se acercó demasiado y fue agarrado por varios de los agresores, quienes lo hicieron caer y lo golpearon en el rostro, mientras lo jalaban de sus ropas y de la corbata.

Uno de los elementos casi lo abrazó para arrebatárselo a los enardecidos manifestantes y lo llevaron al interior del palacio de gobierno, mientras destruían una camioneta GMC de lujo, modelo Denali, blindada, al parecer destinada al Secretario de Seguridad Pública.

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Luego de ello, los policías estatales se replegaron y cientos de policías federales establecieron bloqueos en todas las cuadras de la calle de Macedonio Alcalá, para resguardar Santo Domingo.

 

En tanto, los inconformes ya habían detenido a tres mujeres de la policía federal, quienes lloraban de espanto ante la irritación de quienes intentaban golpearlas, lo que provocó que algunos maestros intervinieran para impedir que les hicieran daño.

El ingenio de los maestros se dejó escuchar en consignas contra Calderón y Gabino, haciendo referencia al presunto alcoholismo del presidente y acusando de traidor al segundo.

Eran cerca de las 15 horas y las escaramuzas se habían extendido prácticamente por todo el centro histórico. Las piedras volaban de un lado a otro y los estallidos del gas lacrimógeno se escuchaban mientras el olor picante hacía llorar a policías, manifestantes, y cientos de personas que pasaban por el lugar, mientras que una ola de pánico circulaba por las calles.

Un mujer que decía que era madre de una de las mujeres policía, pero que se negaba a dar su nombre y luego decía que era hija de su hermano, pedía a gritos que no les hicieran daño a las mujeres, quienes fueron despojadas de su equipo antimotines.

Los maestros secuestraron algunos autobuses del servicio urbano y bloquearon los cruces de Guerrero y Avenida Juárez, mientras que subían a las mujeres policías a uno de ellos y las trasladaban a las oficinas de la Sección 22 en el fraccionamiento Trinidad de las Huertas, donde más tarde serían rescatadas en un operativo montado por un contingente de policías federales.

Mientras Calderón, Gabino y la comitiva comían en Santo Domingo, los enfrentamientos se sucedían en las calles del centro histórico, y se registraban lesionados de uno y otro bando: descalabrados, golpeados, y sudorosos, policías y manifestantes disputaban metro a metro las calles, lanzándose piedras arrancadas a los edificios históricos de la capital oaxaqueña, patrimonio cultural de la humanidad.

Turistas nacionales y extranjeros se sorprendían ante el espectáculo de violencia, tomaban fotos, y se escabullían ante el riesgo de ser alcanzados por los proyectiles.

Hubo un momento en que se les agotaron las balas de gas a los policías y empezaron a usar las piedras que les lanzaban los manifestantes.

Cerca de las 17 horas el presidente Felipe Calderón había abandonado Santo Domingo y volaba rumbo a la capital del país, pero el centro histórico seguía convertido en un campo de batalla que obligó a todos los comerciantes a cerrar sus locales.

En los portales, los restaurantes que el día del amor y la amistad lucían pletóricos y a reventar, con un zócalo festivo y música por doquier, se había convertido de la noche a la mañana en un desierto en el que la violencia campeaba.

Los comerciantes comentaban y pedían a Gabino que “no vuelva a invitar a Felipe”, “fue una provocación traerlo al palacio de gobierno. Cómo se les ocurre estar comiendo tan tranquilos cuando están destruyendo la ciudad. Oaxaca ya se jodio”.

“Se acabó la luna de miel de Gabino. La coalición no duró ni 100 días. Esas fuerzas de derecha e izquierda que se unieron para derrotar al PRI no podían estar mucho tiempo juntas”, señalaban ciudadanos que comentaban los enfrentamientos y que discutían abiertamente, polarizados, unos a favor y otros en contra de la Sección 22 y del gobierno.

En un repliegue de los manifestantes, cuando lanzaron sus últimas tres bombas de gas, unos jóvenes con el rostro cubierto levantaron la cajuela del motor de un tráiler que fue usado para trasladar una enorme cantidad de vallas metálicas que se usaron para tender el bunker de seguridad, y le prendieron fuego.

Poco después llegaron los bomberos que intentaron apagar el incendio, pero fueron apedreados por los jóvenes y unos minutos después los policías se retiraban despejando las calles del centro histórico.

El tráiler ardió lentamente, entre estallidos y el temor de algunos por una explosión o que el fuego alcanzara los tanques estacionarios de los restaurantes de los portales.

Una enorme columna de humo negro se levantaba en el atardecer de Oaxaca, como una señal ominosa, como el fantasma del 2006 que amenaza con regresar, recargado.

¿Paz y progreso?

Por la noche, un contingente de policías estatales al mando de López Escamilla arribó para tomar el primer cuadro de la ciudad y entrevistado por algunos reporteros, el Secretario de Seguridad Pública informó que Marcelino Coache estaba fuera de peligro y que se investigaría.

Reportó que no había detenidos y que todos habían sido liberados, y que el gobierno mantenía su postura de diálogo con la sección 22.

¿Hubo intereses políticos en los sucesos de hoy?

-No lo descarto pero tampoco tengo las pruebas

Luego de que al parecer algunos grupos radicales y al servicio de algunos políticos del PRI fueron identificados durante su participación en la batalla campal que dejó el centro histórico como en los peores días del 2006.

Así terminó una visita presidencial que vino a prender las cenizas del descontento social y la violencia que desde 2006 siguen latentes en Oaxaca.

Última actualización el Miércoles, 16 de Febrero de 2011 12:06
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