ENTREVISTAS Población de la máscara, reciente libro de Francisco Hernández

Población de la máscara, reciente libro de Francisco Hernández

Jueves, 19 de Agosto de 2010 19:30
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francisco“Atroz jauría, jaula de claraboyas, población de la máscara”

 

 

Ernestina Gaitán Cruz/Crónica de Oaxaca/Foto Barry Domínguez.-Poeta no es quien escribe poesía, sino quien provoca emociones, quien hace que suceda algo extraordinario, colma la imaginación con otro lenguaje y perdura en el tiempo, como los clásicos Ovidio, Rubén Bonifaz Nuño, Octavio Paz, Jorge Luis Borges, Ramón López Velarde, Rubén Darío y desde luego Sor Juana.

Así habla el bardo Francisco Hernández (San Andrés Tuxtla, Veracruz, 1946), considerado una de las voces representativas de la nueva poesía mexicana, pero quien con humildad admite que después de haber publicado más de 20 libros es solo un escritor, nadie le puede decir que no, pero poeta no es, porque ésta es una clasificación muy grande. “Poetas son ellos”, dice.

En entrevista para hablar de su reciente libro “Población de la máscara” (Editorial Almadía, colección Pleamar de poesía), consideró también que el poeta nace, no se crea y que nada se puede hacer para evitar que aflore naturalmente, pero tampoco se puede forzar.

En cualquier momento, ante cualquier detalle por la calle, en la naturaleza o en el ambiente, la realidad provoca al elegido, quien percibe una realidad diferente a los demás, y busca plasmarla pero para sí mismo, ya que cuando se escribe generalmente no se piensa en el lector, sino en sentirse bien, satisfecho, a gusto con lo que se hace.

El autor de “Gritar es cosa de mudos”, “Portarretratos”, “Textos criminales” y “Mar de fondo” entre otros, también habló sobre el proceso creativo y la relación entre poesía y artes plásticas, expresiones que abordó en su reciente libro “Población de la máscara”, dedicado a 62 artistas de diferentes nacionalidades.

La correlación entre poesía y artes plásticas tienen en común, dijo, el proceso creativo, la búsqueda de provocar en el espectador como en un lector, emociones. “Colmar la imaginación con otro lenguaje, provocar que el lector o el que vea un cuadro, sienta que en su piel hay otro tipo de electricidad y que eso se llama poesía ya sea en un cuadro, en una escritura; hacer que suceda algo extraordinario, dicen que eso significa poesía y eso es lo que debe suceder con un cuadro o un texto”.

El también ganador del Premio Nacional de Poesía de Aguascalientes, Premio Carlos Pellicer por obra publicada, el Xavier Villaurrutia y el Premio Mazatlán de Literatura 2010, ha sido considerado por la crítica como el poeta de obra versátil que lo mismo maneja temas sensuales, humor negro y añoranza, explica que con “Población de la máscara”, se divirtió y le quedó una obra entretenida, de humor, de buen humor negro.

 

Atroz jauría, jaula de claraboyas, población de la máscara

“Población de la máscara” es libro dedicado a 62 artistas plásticos cuyos nombres van de la A a la Z, como Alberto Durero, Diego Rivera, Frida Kahlo, Francisco Toledo, Andy Warhol, Pablo Picasso, Rembrandt van Rijn, Juan Rulfo, se llama “Población de la máscara” porque cada auto retrato es una máscara

“Una jaula de claraboyas porque a través de cada rostro, uno puede asomarse y ver a quien lo porta y la población de la máscara es por cualquier calle, cualquier álbum fotográfico todo eso tiene que ver con la máscara, mascaradas. Todo lo que a fin de cuentas somos y todos los días cambiamos. Si nos vemos al espejo quizá no lo advertimos pero si dejamos de vernos 10 años observamos el cambio, cómo cambio esa máscara”.

En el libro en el que le dio voz a esos artistas trató de que cada uno dijera o pensara en lo que estaba pintando. Trató de meterse en su cabeza y entonces intentar escribir algo de lo que ese hombre o mujer pensaba. Todo es en primera persona, “Todos tratan de adivinar para bien o para mal lo que son, lo que recuerdan de ellos, lo que piensan que le va a suceder, y a inventar también acerca de sí mismos”.

Y es que, agrega, todos nos inventamos. Es muy difícil encontrar a alguien que esté muy a gusto con su yo, con su nombre con su cara y entonces tendemos a inventarnos ese rostro. Ni los niños se escapan a las máscaras porque ellos siempre quieren ser súper héroes. Ahí va uno de niño, poniéndose máscaras para jugar o para decir mamá yo no fui el que se levantaba en la noche o hacía algo, sino que había algún otro ser extraño en casa a quien echarle la culpa”.

Cuestionando finalmente sobre si se escribe para alguien en especial, Hernández sostiene que “Es lugar común contestar que no pensé en nadie, sino nadamás en mí. Pero es cierto, uno no puede estar pensando en los lectores o a quien le va a gustar o a quién no. “Uno se pone a hacerlo porque le gusta, porque es necesario para vivir. Me hace sentir bien escribir, terminar un texto o un libro y quedar satisfecho casi al 100 por ciento”.

Y concluye dando lectura a estas líneas que en el libro aluden al pintor juchiteco Francisco Toledo “MI peine es un viejo huarache/con el que se peina el mar./ MI esqueleto está en su hamaca,/le da miedo naufragar./ Un conejo y un coyote/ beben tinas de cerveza/ para el calor aguantar./Sopla un olor a mujer/ de Ixtepec a Juchitán”.

 

 

 

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Juan Rulfo