Salvador Flores Durán
Oaxaca de Juárez.- Los enfermos de sida me han dado grandes lecciones de vida, señala la doctora Gabriela Velásquez Rosas.
Egresada de la UABJO con distinción al mérito la obtener un promedio general de 9.8 durante la carrera, con 17 años al frente del Coesida, quien empezó como médico familiar en el IMSS y en servicio de urgencias en la misma institución, señala que trabajar con pacientes terminales de sida es una lección que fortalece el espíritu humano.
También, dice, puede hacer que te derrumbes y “debemos entender que un condón puede ser la diferencia entre la vida y la muerte”.
Hace 17 años, al iniciar el proyecto, dice, la gente “se nos moría en las manos porque no teníamos medicinas”.
Recuerda que en los primeros años del Consejo Estatal para la Prevención y Control del Sida (Coesida), vio cómo al menos unos 100 pacientes murieron prácticamente en sus manos, sin nada que poder hacer, en una total impotencia y desesperación porque el organismo no tenía recursos, “ni para papel, lápices o sillas”, mucho menos para retrovirales, los medicamentos de muy alto costo necesarios para los enfermos.
La trayectoria de Velásquez Rosas ha sido reconocida en el Día Internacional de la Mujer por el Ayuntamiento capitalino, con el 4ª Premio Nacional la “Elegancia es la actitud” entregado por la relojera suiza Longines en el 2005 por cu trayectoria profesional y humana, y la medalla Princesa Donají otorgada por el Ayuntamiento capitalino, entre otros, entregados por diversos organismos de lucha contra el sida.
Pero el reconocimiento más importante, que tiene, dice, es el agradecimiento de los pacientes sin recursos que literalmente salvan su vida gracias a la atención que reciben en el Coesida.
“Al principio fueron lecciones muy duras, verlos morir sin nada. Yo me acuerdo de un médico muy trabajador, honesto, dedicado a su profesión y que se infectó por una relación sexual sin protección. Ver las condiciones en que falleció me pegó terriblemente”, recuerda.
Trabajar en los inicios del organismo con pacientes terminales fueron duros golpes para la doctora, “me tocó enterrar a una mujer que dejó a tres niños en la orfandad y eso me pegó mucho. Eso me hizo trabajar en esto, porque nadie lo quería, ni nadie lo quiere. También hay muchas lecciones de vida de pacientes que han venido en etapas finales de la enfermedad y han salido adelante”.
Recuerda también como una sexoservidora “guapísima, que murió el año pasado, luchó muy duro y con cambios de los esquemas de medicamentos logramos dar la batalla, hasta que falleció, las lecciones de vida de jovencitos que no se cuidaron, amas de casa que han muerto primero ellas y la pareja no, son lecciones de vida muy duras”.
Velásquez Rosas ha dedicado 17 años de su vida, de desvelos, preocupaciones, de sufrimientos, de impotencia, de tocar puertas para lograr recursos, pero son también 17 años de satisfacciones espirituales, cuando un paciente sin trabajo, sin recursos para enfrentar los gastos de más de 30 mil pesos mensuales en medicamentos, logra sobreponerse.
“He sentido mucha impotencia de no poder hacer nada, sobre todo en los primeros años, y ahora es una lucha constante para que no falte medicamento. Si no hay lo compramos, hacemos un festejo de muertos cada año todos los trabajadores para tener un dinero para esos medicamentos que no se les dan. O a veces los compramos de mi propio bolsillo”, señala.
Entrevistada en sus oficinas del Coesida en San Bartolo Coyotepec, Velásquez Rosas dice que ese gasto “no me importa porque son seres humanos, y si puedo ayudar a que no mueran o a que mejoren sus condiciones de vida, lo hago, hablo con compañeros médicos para que los operen o los revisen. Ahora hay más sensibilidad de los médicos, que no había los primeros años”.
Recuerda que cuando la entonces Secretaria de Salud en el gobierno de Diódoro Carrasco Altamirano, María de las Nieves García Fernández de propuso trabajar en lo que empezó como un Consejo Estatal de Información sobre el Sida, nunca se imaginó el trabajo que tendría que realizar.
“Para mí fue muy duro, muy difícil luchar, porque nadie me creía. Hoy tenemos este lugar digno, y los pacientes son atendidos como en su casa. Mucha gente me critica porque los consiento mucho, pero yo no los juzgo. Aquí todo el personal sabe que los primeros son los pacientes y ay de ellos si los discriminan”, señala.
“Si el seguro popular en gastos catastróficos, (el apartado que contempla los gastos de medicamentos para enfermos de sida) no nos da para cáncer, si no tenemos medicamentos, veo cómo los conseguimos, pero no se van sin el tratamiento”, indica.
Participante en una larga lista de cursos y congresos sobre el tema Velásquez Rosas recalca que afortunadamente el panorama ha cambiado para los enfermos de sida, “si los pacientes están con el tratamiento retroviral es muy difícil que tengan enfermedades oportunistas. Hoy la mortalidad ha disminuido de forma muy importante”.
Señala que aunque se calcula que se ha reducido el sida en un uno por ciento en Oaxaca, falta una cultura de prevención y de uso del condón, “falta sensibilizarnos y ser responsables de nuestra sexualidad, exigir el condón, sea hombre o mujer, y no violentar a las mujeres que traen condón. Cualquier día nos puede pasar que tengamos un familiar enfermo, porque esta enfermedad le puede dar a cualquier persona. Aquí atendemos a médicos, arquitectos, contadores, profesores y desafoirtunadamente muchas amas de casa”.
Dice que el uso del condón “es de vida o muerte es un arma que necesitamos usar y es lo que nos va a salvar”.
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