Mientras que para los Hydross, el ciclo ha sido exactamente lo opuesto: el fuego del sol los convierte en estatuas, haciendo que sus cuerpos se encuentren petrificados y completamente a la merced de sus enemigos. Sólo los efectos benéficos del agua podrían regresarlos a la vida.
La guerra entre los Pyross y los Hydross es un eterno retorno... hasta el día en que Skän, un joven guerrero Pyross, en su cruzada más allá del desierto, fija su mirada en Kallisto, una joven de la lluvia.