CULTURA Toledo, “El Rey Iguana” en su aniversario 70

Toledo, “El Rey Iguana” en su aniversario 70

Domingo, 29 de Agosto de 2010 20:24
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frnacisco_ToledoCuando Francisco Benjamín López Toledo nació en Juchitán, Oaxaca, en 1940, hace 70 años, Rufino Tamayo vivía en Nueva York, donde había ganado reconocimiento por sus ``mixografías'' y por el universo de una poética visual que fundía las raíces zapotecas con las vanguardias europeas.

 


 

A los 12 años --cuando ya los Tamayo recibían honores en París-- Toledo había empezado ``a engañar'' a sus maestros de secundaria con una rara habilidad para pintar que le permitiría estudiar técnicas de grabado en el taller de Arturo García Bustos en la Escuela de Bellas Artes de Oaxaca.

 

A los 17 años, mientras sin terminar secundaria aprendía en la Escuela de Artesanía y Diseño del Instituto Nacional de Bellas Artes en Ciudad de México, el galerista Antonio Souza empezó a exhibirlo en Estados Unidos y Europa. A los 20 años se marchó a París con una carta suya de recomendación.

 

Toledo se convertiría en la segunda mitad del siglo en el heredero del legado del fundador de la escuela Oaxaqueña de pintura. Octavio Paz lo sintetizó de modo inolvidable diciendo que más que un ensamblaje de signos su arte transmitía ``una constelación de fuerzas''. No en vano, cuando Tamayo decidió marcharse, le dejó, como un signo de predestinación, sus pinceles.

 

Francisco_Toledo

Pero Francisco Toledo llevó ese legado a su propia dimensión de hombre con un animal de sol como nagual, un doble --la iguana que le atribuyó su padre en el instante de su nacimiento-- presente en sus pinturas y dibujos capaces de contener el poder de un erotismo ritual, indisociable de la relación con la tierra y con todas sus criaturas.

 

Porque su obra extiende sus raíces ancestrales en el mito, y es capaz de abarcar los vastos territorios de la imaginación literaria donde lo fantástico acaba revelando lo esencial; pero sobre todo proviene de un artista capaz de ver el mundo --y pintarlo con manitas hábiles de iguana o de mono copiador-- no sólo como hombre, sino como iguana, mosca, cangrejo, mono y de anhelar el silencio y la libertad de otros

reinos.

 

 

Esa comunión con los animales que es parte del violento poder de su erotismo pictórico lo ha convertido en el más grande pintor mexicano contemporáneo.

 

Un artista que captura en dibujos, pinturas y esculturas, desde más adentro que nadie, la oscura maravilla de la tierra. Por eso su obra es indisociable de la iconografía de las bestias, que también contiene la originaria animalidad del ser humano.

 

Los dibujos de Toledo que acompañan la antología poética de José Emilio Pacheco, Album de Zoología, más que ilustraciones, son umbrales de entrada visual a ese universo que --como afirmaba Levi-Strauss-- no debimos separar nunca radicalmente del nuestro. En este año de su aniversario 70, el Instituto Cervantes de México en Nueva York exhibe en Amster Yard Gallery, The Fantastic Zoology by Francisco Toledo. Sus trabajos se remontan a 1983, cuando Toledo ilustró a mano el libro Fantastic Zoology de Jorge Luis Borges y Margarita Guerrero (1954), comisionado por el Fondo de Cultura Económica de México.

 

Como era inevitable, para quien se mueve por la tierra como un observador al acecho, expandió el famoso bestiario con criaturas fantásticas originadas en la zoología de las tierras oaxaqueñas.

 

 

Este hombre obviamente comprometido con la defensa del entorno natural, con el instinto de un animal ante la destrucción de su guarida, se debate entre la herencia de la avasalladora personalidad de su padre, un comerciante zapoteco que conoció el hambre y llegó a tener en Veracruz una distribuidora de cerveza, --``no podías no seguirlo, no imitarlo'', dice-- y la marca de su madre ``que era más como el desierto callado''.

 

 

Entre 1966 y 1975 hizo diseños tejidos por los artesanos del valle de Teotitlán. La paradoja entre la acción y el silencio --a menudo relacionado con el estado en el que pinta-- lo ha acompañado siempre.

 

 

Ha vivido y exhibido vastamente en Barcelona, París y Nueva York, y tuvo en 1980 su primera gran retrospectiva en el Museo de Arte Moderno de Ciudad de México, pero ama la libertad del aislamiento. No obstante quiere darle a otros los libros, las exhibiciones, a las que no había acceso cuando era un niño grabador al que su padre llamaba --por su carácter e impulso-- ``El Rey Iguana''.

 

Por eso fundó la Biblioteca Pablo Picasso en Teotitlán del Valle, Oaxaca, el Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca, inaugurado en el mismo año del nacimiento de una de sus hijas, Sara (1989). Luego continuó con ese frenesí creador que en él es social: organizó el Patronato pro Defensa y Conservación del Patrimonio Cultural y Natural de Oaxaca (PROOAX), y fundó el Centro de la Imagen Manuel Alvarez Bravo, la Biblioteca Jorge Luis Borges para ciegos en Oaxaca, la Cineteca El Pochote, en la misma ciudad y la Fábrica de Papel de San Agustín Etla.

 

La abrió en una vieja central eléctrica construida en las afueras de la ciudad de Oaxaca, para fabricar papeles, objetos y ediciones limitadas de libros con fibras naturales y materiales reciclables.

 

En el año 2000, durante la exhibición que presentó en la prestigiosa Whitechapel de London, Inglaterra, y en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía de Madrid, España, se dedicó a dibujar la historia del Mono que aprende, un personaje animal de un relato de Kafka que aprende a ser humano, con una secreta identificación que es el hilo conductor del recién estrenado filme de Albino Alvarez El Informe Toledo: La íntima convicción de que sin ese nexo poderoso que lo une a la tierra, no habría visto ni creado un universo capaz de albergar no sólo los sueños y visiones de otros, sino la protección de lo más frágil sobre la tierra.

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