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Julio Torri utilizó la ironía para distanciarse de la amarga realidad

Martes, 29 de Junio de 2010 02:40
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CNCA_TORRIEl autor coahuilense publicó sólo tres libros de ficción, pero es considerado entre los grandes autores en lengua española. Dedicó muchos años a la enseñanza de la literatura, en la Escuela Nacional Preparatoria y la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM

En alguna ocasión, el poeta José Emilio Pacheco comparó la literatura de Alfonso Reyes como un ahuehuete y la de Julio Torri como un bonsái, en atención a la concisa belleza de su prosa. Y en efecto, las Obras Completas de Alfonso Reyes abarcan 26 tomos y las de Torri sólo alcanzaron tres libros de ficción, y con eso fue suficiente para que esté considerado como uno de los grandes maestros del estilo en lengua española.

Este domingo 27 de junio se cumplieron 121 años del nacimiento del escritor coahuilense Julio Torri (27 de junio, 1889-11 de mayo, 1970), por lo que Conaculta rinde homenaje al destacado ensayista, cuentista y maestro autor de Ensayos y poemas (1917, reeditado en 1938); De fusilamientos (1940) y Tres libros (1964), donde el autor incluyó a los dos anteriores y un tercero bajo el título de Prosas dispersas.

Su primer libro, fue traducido al inglés y, el que a decir de la crítica es su mejor obra, De fusilamientos, al alemán. También es autor de “un magnífico resumen de La literatura española (1952 y ediciones posteriores) de la colección Breviarios del Fondo de Cultura Económica. Excelente manual de estilo limpio y elegante, de juicio seguro y de sólida erudición”, informa Antonio Castro Leal, producto de los muchos años que Torri dedicó a la enseñanza en la Escuela Nacional Preparatoria y la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM.

Ateneísta periférico

Aunque ya había publicado algún cuento en la prensa de su natal Saltillo, Coahuila, la travesía literaria comienza cuando Julio Torri, a los 19 años de edad, llega a la ciudad de México para estudiar abogacía en la Escuela Nacional de Jurisprudencia; allí entra en contacto con otro joven brillante: Alfonso Reyes, quien lo introduce al círculo de contertulios que dará pie, más tarde, al Ateneo de la Juventud.

Pronto, y siempre alrededor del Ateneo, Torri conoce a su mentor en las lides literarias: el escritor dominicano Pedro Henríquez Ureña, y también a Antonio Caso, José Vasconcelos, Martín Luis Guzmán, Genaro Estrada, Mariano Silva y Aceves, y Francisco A. de Icaza, entre otros.

Con el estallido de la Revolución Mexicana, la ciudad de México se sume en la oscuridad y la vida se vuelve difícil y tortuosa. No obstante, Torri se titula de abogado en 1913. Las escenas de la Decena Trágica, quedarán marcadas con fuego en su memoria, lo que más tarde se traslucirá en su ensayo De fusilamientos, escrito en 1915, que verá la luz una vez pasada la contienda armada en 1922 y llegará al libro sólo hasta1940.

Su declarada pasión por los libros y la literatura, se dice que en su juventud leía 200 páginas al día, lo llevó a editarlos. De 1916 a 1923 dirigió con Agustín Loera Chávez la colección de los cuadernos Cultura, donde publicaron los jóvenes que después serían grandes figuras de las letras en México, y escribió algunos de los prólogos para dicho sello editorial.

Con José Vasconcelos al frente de la Secretaría de Educación Pública, éste le encarga a Torri la jefatura del Departamento de Bibliotecas y, después, la Dirección del Departamento Editorial, donde se publicó la magnífica colección de literatura universal que Vasconcelos quería poner en las manos del pueblo.

También cultivó amistad con algunos artistas plásticos como José Clemente Orozco, quien ilustró su texto La destrucción de México, publicado en 1914, y Diego Rivera, que ilustró De fusilamientos, en 1922, en plena efervescencia vasconcelista.

La estrategia de Torri

La crítica ha señalado la ausencia casi total de referentes a la Revolución Mexicana, e incluso de México, en la obra de Julio Torri, a pesar de que vivió en la capital del país durante todo el conflicto armado y fue testigo del paso de los distintos contingentes revolucionarios.

El investigador Serge I. Zaïtzeff, quien ha estudiado la obra del coahuilense, destaca en un ensayo publicado en la Revista de la Universidad de México que “en ese México que considera inhabitable Torri se convierte en el antihéroe de sus aventuras así como en un Rimbaud mexicano, en un personaje fracasado que se burla de sí mismo y que no se toma en serio. En plena Revolución compra libros de Renard, Mallarmé, Gide y France y se dedica a cultivar géneros de esterilidad convencido de que escribe cada vez peor dada su severa autocrítica. Cree firmemente que sólo se deben publicar libros perfectos”.

Además de De fusilamientos, Zaïtzeff ha encontrado algunos textos de tema mexicano que, sin embargo Torri no publicó en su primer libro Poemas y ensayos. El investigador concluye que “pese a la repugnancia que sentía Julio Torri por la Revolución Mexicana y sus excesos, no pudo quedar totalmente indiferente a ese tema. Lo trató en muy pocas ocasiones y siempre de manera velada recurriendo a la alegoría, a la ironía, al humor y al esteticismo para ocultar la realidad concreta”.

También Armando Pereira, del Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM, señala que Torri, a diferencia de los demás intelectuales del Ateneo de la Juventud, hijos de la Revolución Mexicana, a quienes impulsa el deseo de “devorar y discutir el universo circundante”, desde otras culturas y desde el día a día de la lucha armada; “la obra de Torri transcurre por territorios muy distintos, mucho más íntimos y personales; en lugar de buscar respuestas en la exterioridad, se sitúa como un espejo en el que el sujeto del texto se contempla a sí mismo, dialoga con su propia voz, descubre en su forma de vivir conductas y comportamientos que, de alguna manera, nos conciernen a todos”.

En su ensayo “Julio Torri: entre la brevedad y la ironía”, Pereira comenta que “entre sus preocupaciones literarias, nunca figuraron los temas políticos o sociales del momento. La gesta revolucionaria, por ejemplo, no aparece en ninguna de sus páginas”. Incluso el tema de México, abunda, “lo está de una manera tan tangencial que resulta francamente prescindible”.

Pereira concluye que a Torri le interesaba era algo muy distinto: “explorar el universo interior del hombre (en muchos casos a través de sí mismo)” y agrega que las preocupaciones estéticas y literarias que obsesionaron al escritor fueron: “el antihéroe, la vocación por el fracaso, el autorretrato, el mal gusto del éxito, la otra cara del mito o la leyenda, la mujer, la relación entre la vida y el arte”.

Por su parte, Zaïtzeff, al referirse a De fusilamientos, aclara que “el humor negro y la ironía contribuyen a crear un texto insólito y perfecto que trata de la Revolución sin hablar de ella. El silencio, la distorsión, la distancia se combinan para que el lector llegue a sus propias conclusiones y de ahí la modernidad de esta pieza”.

Amor por la bicicleta

Julio Torri, encerrado en sus circunloquios librescos, está considerado como uno de los autores “raros” de la literatura nacional, como quería Nervo, junto con autores como Carlos Díaz Dufoo hijo, malogrado autor de un puñado aforismas y “diálogos”, quien alguna vez escribió: “Quisiera morir silenciosamente, sin dejar una huella, como muere una música lejana en un oído inatento”.

Si bien Torri publicó poco, dedicó muchos años de su vida a la enseñanza. En 1933 se doctoró en Letras en la Universidad Nacional Autónoma de México. Fue profesor, principalmente de literatura española, en la Escuela Nacional Preparatoria (durante 36 años) y en la Facultad de Filosofía y Letras hasta 1964, y el más antiguo profesor de tiempo completo. En 1953 fue nombrado profesor emérito de la UNAM.

Además fue nombrado miembro Correspondiente de la Academia Mexicana de la Lengua el 14 de enero de 1942, y de Número el 11 de julio de 1952, pronunció su discurso de ingreso el 21 de noviembre de 1953, sobre la Revista Moderna de México.

Margo Glantz, quien fuera su alumna en las aulas de Mascarones, sostiene que “el estilo de Torri es como su propio cuerpo, un cuerpo anguloso, delgado, rígidamente detenido en los huesos, en el esqueleto, en aquello que le permite estar en pie, aquello que le proporciona un armazón, la capacidad de ser de cierta manera un cuerpo erguido, sin nada que sobre y quizá, eso sí, con ciertas carencias”.

En su ensayo, Un buen equilibrista; Julio Torri, Glantz recuerda que su querido profesor tenía un amor desmedido por su bicicleta: “Creo que el ser preferido de don Julio era la bicicleta, ese objeto con dos ruedas, objeto que lo acercaba mucho más al equilibrio y a la armonía que cualquier mujer o cualquier ser humano (…). A veces, cerca de la facultad, solíamos verlo ataviado a la inglesa, con zapatos tenis, gorra de visera de celuloide, montado en su bicicleta, con la expresión más feliz y deportista que pueda encontrarse en un hombre tan alejado de la realidad y tan adepto a la vida retirada de la torre de marfil de una biblioteca exquisita”.

El propio Torri dedicó un texto maestro a su afición por el ciclismo, el cual definió como “un deporte que para practicarlo no necesita uno de compañeros. Propio para misántropos, para orgullosos, para insociables de toda laya”. Y mencionó que “entre los peligros que lo amenazan los menores no son para desestimarse: los perros, enemigos encarnizados de quien anda aprisa y al desgaire; y los guardias que sin gran cortesía recuerdan disposiciones municipales quebrantadas involuntariamente”.

Julio Torri murió en la ciudad de México el 11 de mayo de 1970. Su biblioteca de más de 7 mil volúmenes, escritos en español, inglés, alemán, portugués y francés, fue adquirida por el gobierno del Estado de Tabasco luego de la muerte del escritor y se halla en la Biblioteca José María Pino Suárez de Villahermosa.

En el número 17 de la serie Lecturas Mexicanas se publicó De fusilamientos y otras narraciones, (SEP-FCE, 1984, reimpreso en 1992). También en el FCE están Tres libros (Ensayos y poemas; De fusilamientos y Prosas dispersas), reimpreso en 1996, y La literatura española (Breviarios, última reimpresión de 1999).

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